lunes, noviembre 15, 2010

LA REIVINDICACIÓN BERCIANA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX (1ª PARTE)


LA REIVINDICACIÓN BERCIANA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX (1ª parte),
Por Xabier Lago Mestre.



En escritos anteriores vimos el desarrollo del provincialismo en la primera mitad del siglo XIX. Ahora centramos nuestro estudio en la segunda mitad del mencionado siglo. Veremos cómo pierde peso el debate provincialista ante las nuevas corrientes ideológicas de ordenación territorial del Estado español. Nos referimos al empuje del regionalismo, el federalismo y el nacionalismo español.


EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856).
Después de la Década Moderada (1843-1853) vuelve al poder el sector más izquierdista con Espartero. Situación más democrática que es aprovechada por Ponferrada para reclamar la constitución de la provincia de El Bierzo, con la iniciativa de su alcalde, Isidro Rueda, contando con el apoyo de Patricio Azcárate. Por su parte, Vilafranca no desaprovecha su oportunidad de reclamar la capitalidad con su alcalde, Santiago Capdevila, y con Manuel Goyanes Balboa (Deán de la catedral de Murcia).

Pero la crisis socioeconómica de España agrava la situación política. En julio de 1854 hay revueltas en Ponferrada y Astorga. Los ayuntamientos de la capital berciana y de Bembibre piden la reducción de los cupos que afectan a los consistorios. Hay protestas contra las desamortizaciones por la venta de comunales de los pueblos porque de ellos se abastecían la ganadería con sus pastos.


EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1873).
El pronunciamiento revolucionario La Gloriosa (18 de septiembre de 1868) favorece la formación de las juntas locales. En Ponferrada se constituye la Junta revolucionaria el 30 de septiembre de 1868), con Martín Valdés. Otro tanto hace Vilafranca, con su presidente Joaquín Saavedra Bálgoma (posterior diputado de 1871-1872). La Junta ponferradina elabora un manifiesto reivindicativo, “Habitantes de esta Partido, llegó el día para todos deseado (…). Si los Pueblos han de salir de la servidumbre y miseria en que yacen, efecto de una administración inmoral, confusa y desordenada (…). Vercianos. Viva la Libertad, Viva la Soberanía Nacional. Abajo lo existente (…)”. Sin embargo, la Junta Provisional de Gobierno de la provincia de León pide la disolución de las otras juntas municipales salvo las de cabeza de partido en octubre de 1868. Los problemas con el centralismo, provincial o estatal, se acentúan. El Ayuntamiento de Ponferrada protesta (enero de 1869) por la imposición de la maestra por la Junta leonesa. Posteriormente, se rechaza el nuevo impuesto personal que reclama la hacienda provincial, incluso hay manifestación (noviembre de 1869) y el pleno ponferradino presenta su dimisión en señal de protesta.

La Ley de 20 de agosto de 1870 determina que la provincia ya no es mera circunscripción estatal, sino territorial, que consistirá en una agrupación de municipios. Se establece el derecho a conservar su “administración particular” a los pueblos con territorio propio, agua, pastos, montes, etc.

LA CONCIENCIA CULTURAL BERCIANA.
El Romanticismo berciano incide en resaltar los valores culturales de El Bierzo. Así, Enrique Gil y Carrasco reivindica el protagonismo del distrito-país berciano en 1842, “Quién, antes ni después, se ha acordado de este rincón maravilloso de El Bierzo, de las raras propiedades y milagrosas riquezas de su suelo, de sus agraciados paisajes y variadas perspectivas, de sus interesantes monumentos y del sin fin de recuerdos que encierra (…)”.

En la segunda mitad del siglo XIX hay una mayor concienciación cultural y lingüística de la región berciana. Antonio Fernández y Morales, en sus Ensayos poéticos en dialecto berciano (1861), hace incide en es especificidad, “Galicia tira para sí, pero Castilla no la suelta”, “si bien el berciano es un subdialecto gallego, se castellaniza á medida que los pueblos del país de que me ocupo se van acercando á Castilla, ó se galleguiza completamente según que sus opuestos confines van tocando los de Galicia (…)”.


La identificación con la cultura gallega entre los escritores se reafirma en esta época. Isidro Andrés Ovalle, escribe Recuerdo a Puentedeume (1860), en dialecto gallego-berciano. Mientras que Acacio Cáceres Prat, en su obra El Vierzo de 1883, comenta que “Los habitantes de Villafranca, que puediera decirse capital del Vierzo alto, participan algo, por su proximidad, del carácter de Galicia, lo cual se manifiesta, más que por nada, por su acento como los de Ponferrada, capital del Vierzo bajo, participa del carácter y acento de Castilla (….)”. Francisco del Llano y Ovalle, en Flores del Bierzo, de 1896), en su composición ¡Ay! Miña Terra, nos anuncia que “No está arreglada al dialecto gallego, sino a las variaciones que de él se hablan en el Bierzo (…)”. Por último, José Válgoma Suárez (1861-1931), escribió en gallego “Maruxiña, Maruxiña está triste. Maruxiña está pálega (…)”.

LA PRIMERA RESTAURACIÓN (1874-1900).
La ordenación territorial del Estado es cuestionada por los regionalismos periféricos, los federalistas (sólo para estados y municipios) y carlistas (recuperación de los reinos del Antiguo Régimen). Por lo que se refiere a El Bierzo, el galleguismo de finales del XIX se fija en nuestra tierra. Manuel Murguía, en su libro Galicia, incluye la correspondiente referencia, “Los frescos desfiladeros de Valcálcel en el flanco de abruptas y altas montañas, se ven cubiertos a poco que se descienda por la carretera, -de álamos cuyas hojas según la estación, así entonan el cuadro siempre grato a nuestros ojos y a nuestro corazón (…). El cielo y la tierra tienen el vigor y el colorido que les presta esa hermosísima comarca berciana, en la cual, hombres, plantaciones, costumbres y lenguaje, a veces dicen que son nuestros hermanos (…)”.


Francisco Giner de los Ríos, de la Institución Libre de Enseñanza, en su visita a El Bierzo (1884), también deja constancia de las similitudes territoriales con Galicia. “Y si el carácter y usos de los bercianos se encuentra todavía cierto deje leonés, parece indiscutible que en ellos, y más todavía en la topografía de la región, predomine de tal suerte la afinidad con Galicia, que debe conceptuarse error el decreto administrativo, por cuya virtud se encuentra incorporada a la provincia de León, constituyendo extraño maridaje con grave, seco, y un tanto bravío habitante de la no menos grave, seca y bravía tierra de Campos (…)”.

O Bierzo, noviembre de 2010.
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