lunes, diciembre 14, 2009

PONFERRADA TRATÓ DE CONSEGUIR SU COLEGIATA (1ª PARTE)


PONFERRADA QUERÍA TENER SU COLEGIATA DE LA ENCINA (1ª parte),
Por Xabier Lago Mestre (falaceibe@yahoo.es).

La villa de Ponferrada intentó conseguir la declaración de Colegiata para la iglesia de la Virgen de la Encina, actual Basílica. En el siglo XVIII hubo una importante demanda ponferradina a favor de la mutación de su iglesia en Colegiata. Tenemos el “Memorial de la Villa de Ponferrada a su Magestad, pretendiendo la Creación i Mutación de la Iglesia de Nuestra Señora de la Encina su Patrona en Colegiata”, editado en Santiago de Compostela en 1775 (ver la revista “Bierzo” del año 2009). La consecución de la Colegiata hubiera supuesto un mayor prestigio religioso y social para nuestra villa del Sil.

Antes de entrar en el contenido de ese citado Memorial de la villa de Ponferrada conviene recordar que Villafranca ya había conseguido su propia Colegiata en el siglo XVI. La directa intervención de los Marqueses de Villafranca posibilitó la firma de una bula del papa Clemente VII, el 22 de marzo de 1529, que aprobaba la creación de la iglesia colegial. Esta colegiata secular dependía de la Silla Apostólica. Su financiación inicial se establecía en 500 ducados, sufragados por las rentas del Priorato de Sta. Mª del Cruñego, préstamos, curatos y demás beneficios eclesiásticos, además de contar con el patronato de los Marqueses de Villafranca. Esta casa señorial tenía la facultad de presentar el abad, mientras que el Papa le concedería su cargo (según la bula papal de 1 de noviembre de 1532). Todo el personal de la Colegiata quedaba exento de la jurisdicción y visita del Obispo de Astorga pues, como ya hemos indicado, dependía solamente de la Silla Apostólica de Roma. De forma inmediata la Colegiata fue incorporando nuevas rentas provenientes de beneficios de iglesias vecinas, y logró ampliar su jurisdicción religiosa por El Bierzo, Valdeorras y O Bolo. Así aconteció con las parroquias de Borrenes, Narayola, S. Pedro de Trones, Quilós, Cascallana, Corullón, Villavieja entre otras muchas más. De esta forma los Marqueses fueron controlando un amplio territorio mediante los numerosos resortes del poder político, fiscal, judicial y religioso.

Volvemos al estudio de la demanda de la Colegiata para Ponferrada. En la portada del Memorial ponferradino citado se indica que “sin que para ello S. M. estraiga cantidad alguna de su Erario, ni se verifique perjuicio alguna de tercero”. Con ello se trata de favorecer la concesión de la Colegiata por la Corona al no suponer gastos para la hacienda real. A lo largo de sus 34 páginas Ponferrada fundamenta la declaración de Colegiata. Comienza el Memorial, “Señor. La muy Noble, Antigua, i Leal Villa de Ponferrada, Capital de la Provincia de el Vierzo (…)”, continuando con la relación nominal de sus regidores, en un intento por resaltar la importancia territorial de la villa, así como el apoyo del ayuntamiento. De inmediato se recurre al poderío religioso de la Virgen de la Encina, “cual demuestra el crecido número de milagros (…)”, y su peculiar influencia en toda la región, “i mueven a devoción a los más duros corazones, quedando los de esta Villa exaltados, i gloriados de tenerla por su Patrona, i de toda la Provincia (…)”.

La argumentación religiosa insiste en la protección que la Virgen de la Encina ejerce en la provincia de El Bierzo, “i frecuentemente, que en los años más escasos de aguas, i en que por esta falta en Castilla, i otras Provincias no se ha cogido, en esta se han experimentado unas cosechas abundantes, haciendo esta Señora, que las causas naturales no produzcan aquí sus efectos, verificándose lo mismo con los rigurosos yelos, que han destruido las viñas, i arboles en otros Pueblos, quedando las de éstos en algunas ocasiones que los ha habido, sin experimentar la natural pérdida de sus frutos (…)”.

El poder milagroso de la Virgen de la Encina ya atrajo la atención del propio rey Felipe V. Así, en el año de 1707, mandó al Deán de la Catedral de Astorga, “a fin de que averiguase el portentoso Milagro, que en el día cinco de Noviembre de el año antecedente había hecho Nra. Señora de la Encina con María de Mendoza, natural de la Ciudad de Burgos (…)”. Seguidamente el Memorial que leemos describe el proceso milagrero de la Virgen sobre la devota vecina burgalesa. En él se relata cómo esta castellana tenía una grave enfermedad, “que la predicha había nacido tullida, en conformidad, que tenía las pantorrillas, i pies unidos con los muslos, aquellos mui vueltos, pequeños, sin perfección, ni tamaño, i las caderas bajas, i recogidas para dentro, de forma, que le era preciso para moverse llevar arrastro el medio cuerpo, por cuya razón las personas devotas, i caritativas la llevaban en sus espaldas, i por los trabajos i dolores que su Madre padeció en el parto, murió de él (…)”.

El Memorial destaca como la burgalesa había visitado ya numerosos santuarios del Camino de Santiago en busca de su remedio. Incluso en el viaje de ida no había hecho caso a los consejos sobre el poder de la Virgen berciana, “el hospitalero le dijo, se encomendase a Nra. Señora de la Encina, que era mui Milagrosa, por entonces no lo hizo, i por lo mismo la mañana que salió de ella, cayó dos veces de el bagaje que la conducía (…)”. En competencia milagrosa con el resto de iglesias del Camino Francés, fue finalmente, a la vuelta de Santiago, cuando la Señora de nuestro santuario mariano se dignó a obrar el milagro de curarla. Pero lo curioso del caso es que la Virgen de la Encina hizo varios milagros sobre la misma persona. Leemos que “quedó desmayada por espacio de tres minutos, i habiendo vuelto en si, se halló cercada de sacerdotes, i gentes, que con alegría, i fervorosa fe decían: Milagro, Milagro, i se conoció estar enteramente sana, i sin impedimento alguno, andando por la iglesia, perfectos sus pies, piernas, i muslos, i siendo aquellos mui pequeños antes de el Milagro, por él, se le pusieron de seis puntos, i le fueron creciendo por tres meses, estendiendose al fin de ellos hasta de ocho, sin quedarle en su cuerpo la más mínima lesión, ni impedimento de sus imperfecciones (…)”.

Tras su milagrosa curación, la devota burgalesa hizo su correspondiente promesa-obligación de permanencia junto a la Virgen, “todos los días prosiguió visitando a nuestra Señora, i le ofreció continuar toda su vida barriendo su Iglesia, así lo cumplió hasta el día tres de julio de el año posterior de mil setecientos siete (…)”. Por desgracia, la burgalesa “determinó retirarse a dicha Ciudad de Burgos, i entrar en el Convento de las Huelgas de aquella Ciudad (…)”. Pero esta decisión de volver a su ciudad castellana no fue compartida por todos, “i habiendo principiado a despedirse, todos le decían no lo egecutara, que era ser ingrata a la Virgen Santísima, i no guardar el voto que havia hecho, i particularidad su Confesor (…)”. Por desgracia el milagro de la curación se tornó en fatalidad de nuevo, “se volvió para salir de la Iglesia con animo de ejecutar luego su viage, i estando en pie, le dio de repente un accidente, que privándola de los sentido, cayó en tierra, i haviendose recobrado, se halló tendida, tullida, inmóvil de todo el cuerpo sin el natural uso de todos sus miembros, de forma, que por si no podía mover parte alguna de su cuerpo (…)”. Este segundo milagro se produjo al romper su promesa-obligación religiosa de permanecer de por vida junto a la Virgen.

Ya tullida otra vez, desconsolada y sufriente por ello, su ama le dijo: “¿prometes de veras, que has de ser esclava de MARIA Santísima de la Encina, i servirla en su Santa Casa toda tu vida? (…)”. A lo que la burgalesa le respondió: “de todo corazón, i con muchas lágrimas que sí, pero que no la convendría para su salvación la sanidad, i sí el estar tullida, i por lo mismo se hiciera su santa voluntad (…)”. De inmediato se obró un nuevo milagro sobre ella, “al tiempo de concluir sus palabras, proferidas de todo corazón, sintió un gran consuelo de alma i cuerpo, i juzgando estaba buena, fue a levantarse, i se halló sana sin impedimento alguno (…)”.

Este otro milagro provocó gran alboroto de devotos, “siendo grande el concurso que hubo en todos, i al fin se celebró Procesión general, yendo otra vez en ella delante de la Santa Imagen María de la Encina, en quien obró los tres prodigiosos milagros referidos, siendo infinitos los demás que ha hecho (…)”. Los sucesivos milagros de la Virgen sirven para reforzar los vínculos de dependencia religiosa de la población ponferradina y de la provincia berciana con su Patrona.

O Bierzo, decembro de 2009.
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