miércoles, abril 04, 2018

LOS ABUSOS DE LOS MARQUESES DE VILLAFRANCA.


LOS MARQUESES LADRONES.
por Javier Lago Mestre.

La política matrimonial de conveniencia política emparentó a los marqueses de Villafranca con la poderosa Casa de Alba. Así aconteció con María de Toledo, hermana del V marqués de Villafranca, que casó con Fadrique, duque de Alba. A la muerte de éste y de su hijo, la duquesa María volvió a Villafranca, su solar familiar.

En la villa del Burbia doña María de Toledo buscó el apoyo de los marqueses para  construir un monasterio de La Laura (1600). Su fervor religioso también se plasmó en el acopio de reliquias, “tenía la patrona de La Laura sus insignes reliquias que el santo pontífice Sixto Qunto le había enviado a su primer desierto” (Boletín Real Academia de la Historia). Existía la creencia de que el contacto con las reliquias de santos acercaba a los vivos a la salvación eterna.


CONVENTO LA ANUNCIADA.

ROBO DE RELIQUIAS EN SANTIAGO DE PEÑALBA.  

La obsesión de la duquesa de Alba por las reliquias le llevó a cometer actos sacrílegos. Así aconteció con el robo de las reliquias conservadas en Santiago de Peñalba (1603). Su rapiña de los huesos de San Genadio, S. Urbano y S. Fortes no contó con ningún permiso local. Tuvo un pequeño gesto la duquesa con los considerados inferiores vecinos de Peñalba, “dejáronse los huesos pequeños, porque no ydolatresen los que allí acuden en estos pocos días en el año, con procesiones” (BRAH). Este fue un ejemplo más de los continuados abusos de los señores territoriales de El Bierzo sobre los vasallos, propios o ajenos, en base a su posición social jerárquica.

El relato histórico que seguimos defiende la acción infractora de la duquesa María, por eso reconoce, “y al sacar los santos, sucedieron tres milagros que no cuento por no abreviar algo este larga relación”. Por supuesto, tras el robo sacrílego, la oposición popular fue inmediata, caso de lo acontecido en la bajada a San Esteban de Valdueza, “haciendo acomposición allí en unos bandos de todos los vecinos (…), porque el mismo cura fomentaba los bandos y hubo  la duquesa menester más ánimo para reprenderle que para meterse en la pendencia que me volvían aquellos malos espíritus” (BRAH). Ya se sabe que cualquier oposición popular al robo señorial tenía las de perder.


MONASTERIO S. PEDRO DE MONTES.

No faltó la resistencia del obispado de Astorga ante tal abuso de la duquesa de sus reliquias. De ahí el consiguiente pleito eclesiástico por la posesión de las reliquias. La sentencia del papa Paulo V fue salomónica. En ella se decidió el reparto de los huesos bercianos entre el cabildo de la catedral de Astorga que se llevó el cráneo de S. Genadio, un hueso del brazo para Peñalba y el resto para la duquesa. Ésta tuvo la gentiliza de dejar una tibia para el convento de La Anunciada, gobernado por su sobrina, María de la Trinidad, hija del marqués de Villafranca (V. Fernández Vázquez). Por supuesto, en este pleito entre señores territoriales de la provincia berciana, la iglesia de Peñalba fue la gran perdedora ante el centralismo abusador, eclesial de Astorga y señorial de la mencionada duquesa de Alba.

RESISTENCIAS EN VILLAFRANCA.

La ladrona duquesa continuó en Villafranca con su firme obsesión de hacer el monasterio de La Laura. Pero no dejó de tener problemas. El Capítulo General de los dominicos le quitó el apoyo inicial “a causa del excesivo protagonismo de la Duquesa” (V. Fernández Vázquez). También tuvo problemas con su hermano, el marqués de Villafranca, por ejercer aquella su influencia religiosa sobre sobrina. Algún relato histórico habla de la intención del V marqués de hacer un casamiento de conveniencia con su hija. Pero ante el rechazo frontal de ésta a la iniciativa paterna, finalmente la hija pasó a formar parte de la comunidad de clarisas de La Anunciada, con el nombre de María de la Trinidad. Curiosamente, este convento fue erigido en 1606, el año del abandono del proyecto monástico en Villafranca de la duquesa de Alba.



Por otra parte, también se habla de las dificultades que tuvo la duquesa para conseguir terrenos, “en Villafranca, a donde no se les quería conceder sitio suficiente para que hiciese la fábrica” (Fco. Mendizabal, cronista de Valladolid). La duquesa tuvo autorización del ayuntamiento de Villafranca para construir un monasterio y un hospital. El primero existió desde 1600 a 1606, del hospital para pobres nada se hizo por claro incumplimiento contractual de la duquesa. 

No sería de extrañar la resistencia del ayuntamiento de Villafranca ante el nuevo establecimiento monástico de la duquesa. La ampliación urbanística del proyecto monástico restaba tierras de labor a la villa y vinculaba nuevos predios al régimen señorial eclesial, restándolos al libre comercio. Baste recordar también que el concejo de Villafranca había pleiteado, en 1566, con los marqueses por numerosos abusos señoriales, entre ellos, por anexionar casas del hospital al monasterio de la Concepción.



MARCHA DEL MONASTERIO DE LA LAURA A VALLADOLID.

Todos los problemas encontrados en Villafranca por la duquesa le hicieron desistir de la construcción del monasterio. Por eso, finalmente demandó permiso al ayuntamiento de Valladolid para hacer el nuevo monasterio (1606). A esta ciudad castellana se llevó sus reliquias, robadas en la provincia de El Bierzo, además de una copia de la Sábana Santa de Turín, mandada hacer por su marido Fadrique. Durante siglos el monasterio de La Laura de Valladolid supo sacar gran provecho de las visitas populares a las reliquias bercianas, mediante la organización de la romería del Sudario, celebrada el domingo y lunes de Pascua en el paseo de los Filipinos, junto al Campo Grande.

O Bierzo, abril de 2018.
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