sábado, marzo 10, 2012

LOS ESCRITORES DEL SIGLO XIX OPINAN SOBRE EL GALLEGO


LOS ESCRITORES DEL SIGLO XIX OPINAN

SOBRE EL COLECTIVO GALLEGO-HABLANTE

DE LA REGIÓN BERCIANA,

por Xabier Lago Mestre.


Creemos que puede resultar de interés rescatar diversas opiniones de castellano-hablantes del siglo XIX sobre la existencia de la comunidad gallego-hablante en la región de El Bierzo. Priman las visiones jerarquizadas y diglósicas entre las lenguas castellana y gallega. La alta función comunicativa la tiene el castellano frente a la popular y rural del gallego. A pesar de ello, no se puede ocultar que hay un interés intelectual por destacar la presencia territorial de la otra lengua gallega tradicional en El Bierzo.

El principal escritor berciano en galego del siglo XIX fue el cacabelense Antonio Fernández y Morales. Destacamos su obra literaria recogida en el libro “Ensayos poéticos en dialecto berciano” (1861). En su prólogo se refiere a la sociolingüística particular de nuestra región periférica y nos indica que “si bien el dialecto berciano es de uso común solamente entre las masas, no por eso es desconocido ni desdeñado por las personas que forman la clase distinguida de la sociedad del Bierzo, por mas que en sus relaciones y trato entre si se sirvan exclusivamente del idioma castellano (…)”. Las dinámicas políticas y territoriales que afectan a El Bierzo también se aprecian en “cual tesoro que a codicia de dous avaros escolta con xusticia, ou sin xusticia, tira por ela Galicia, mais Castilla non a solta”. Cada vez son más las voces que demandan insertar a este escritor en el llamado Rexurdimento literario de Galicia de la segunda mitad del siglo XIX.

El peculiar caso de Antonio Fernández y Morales no fue un hecho aislado en El Bierzo. Tenemos otros escritores locales que se interesaron por la presencia de la lengua gallega y su valor literario culto. Es el caso del corullonés Isidro Andrés Ovalle en su poema “Recuerdo a Puentedeume” y del vilafranquino José Bálgoma Suárez (1861-1931) con sus poemas “Maruxiña” o “Ai! miña terra”.

El escritor berciano, Enrique Gil y Carrasco, asumió parcialmente e bilingüismo de su región. “El castillo de Cornatel o Cornatelo parece imaginado para contrastar vivamente con el que acabamos de mencionar (…)”. Expresamente nos indica ese bilingüismo toponímico en el caso de Cornatelo. También sucede lo mismo en Vilafranca, “el monasterio de Nuestra Señora de ´Cluniaco`, que vulgarmente vino a llamarse ´cluniego`, ha desaparecido enteramente (…)” (en “Bosquejo de un viaje a una provincia del interior”, 1843).

Los viajeros extranjeros también admiten ese bilingüismo local, es el caso de Hans Friedrich Gadow, que realiza su recorrido por el norte peninsular en el año 1897. Nos dice que “durante el reinado de Alfonso VI se erigió y dedicó una iglesia a Nuestra Señora de Cluniaca, conocida vulgarmente como Cruñego (…)”. Además constata que “el dialecto es una mezcla de gallego y castellano, que en sí no tendría de malo si la gente no pronunciara las palabras con la voz más desagradable, dura, fuerte chillona y grosera. En realidad ya nos habían advertido en Villafranca que no podríamos entender la jerga. Afortunadamente no fue así, ya que muchos términos que desconcertaban a los castellanos los reconocíamos nosotros como portugués apenas alterado (…)”. Así pues, la lengua de El Bierzo occidental se identifica con el gallego y el portugués. En Vilafranca ya se presiente la diglosia, castellano/gallego, con un claro trato despectivo para el gallego popular y rural. “con todo, la descripción dada por los habitantes del valle era certera: según ellos, los montañeses ladraban como perros, y esta rigurosa observación corresponde a sus sonidos con sobrada fidelidad. Que ellos ladrasen, en lugar de hablar suavemente, tal vez se debiera a su vida al aire libre, pero eso no justifica el gañido gutural y molesto que suelen interponer en las palabras (…)”, ¿será esta última una alusión a la característica ancaresa?.

El ministro de la desamortización, Pascual Madoz, en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España” (1845-1850), en el apartado dedicado a la provincia leonesa, leemos que “ni hay más conformidad en el dialecto: las palabras generalmente son castellanas, pero no deja de haber según los parajes, algunas voces exóticas y de origen desconocido, cuyo significado solo se comprende en ciertos distritos, si a esto se añade el uso inmoderado que en algunos se hace del os diminutivos, la estraña pronunciación de otros, y la variedad de acento en todos, se sabrá sin sorpresa que a duras penas se entienden entre sí los habitantes de los estremos de la provincia. La misma variedad se observa en el carácter (…)”. El político deja bien claras las diferencias dialectales entre O Bierzo y el oriente provincial leonés.

También José María Quadrado, en su libro “Recuerdos y bellezas de España, León” (1855), resalta “el monasterio de Sta. María de Cluniaco, vulgarmente Cruñego, de cuyo edificio pudiera ser resto la vieja torre aislada (…)”. Está claro que los escritores no pueden pasar por alto el bilingüismo berciano. Incluso remata escribiendo “¡dichosos al menos si el retraso industrial conservan las patriarcales costumbres de sus mayores!”, caso de la ancestral lengua gallega, por supuesto.

En 1879, se editaba el libro “Guía del viajero en León y su provincia”, de Policarpo Mingote. También para este autor El Bierzo se diferencia claramente de resto de la provincia leonesa, en sus costumbres, traje y acento local, sobre todo destaca la analogía a las limítrofes comarcas gallegas de Ourense y Lugo.

El escritor Acacio Cáceres Prat, en su obra “El Vierzo. Su descripción e historia” (1883), resalta que “los habitantes de Villafranca, que pudiera decirse capital del Vierzo alto, participan algo, por su proximidad, del carácter de Galicia, lo cual se manifiesta, más que por nada, por su acento, como los de Ponferrada, capital del Vierzo bajo, participa del carácter y acento de Castilla (…)”. Acento que se relaciona claramente con la presencia de la lengua gallega en El Bierzo occidental, mientras que no encuentra testimonio de la lengua territorial leonesa.

Desde La Maragatería, Santiago Alonso Garrote, que escribió “El dialecto vulgar leonés hablado en Maragatería y tierra de Astorga” (1909), lo tiene claro. Declara que n los “partidos judiciales de Ponferrada y Villafranca del Bierzo, se habla un acentuado dialecto gallego, sobre todo en el de Villafranca (…)”. Para los habitantes de la meseta castellano-leonesa los bercianos son reconocidos como hablantes gallegos.

A principios del siglo XX continúa el interés de Galicia por el destino cultural de El Bierzo. Xoán Vicente Viqueira, en el artículo “O galego na escola”, publicado en el periódico A Nosa Terra en 1917, nos dice que “¡lembrémonos! De Navia para acó fálase galego, os que moran naquelas terras son galegos. ¡E grande parte do Bierzo é tamén noso! ¡A Galiciza histórica é máis extensa que a Galiza actual! (…)”. En el lado opuesto está Emilio Álvarez Giménez que publica el libro “Los defectos del lenguaje en Galicia y en la provincia de León. Estudio gramatical”, editado en Valladolid, 1909. La presencia de la lengua gallega en Galicia y El Bierzo afectaba gravemente al correcto aprendizaje del idioma castellano oficial por parte del alumnado. Por suerte los deseos institucionales, intelectuales y pedagógicos de rematar con el bilingüismo no se han cumplido, hoy el alumnado berciano puede estudiar parcialmente la lengua gallega en algunos colegios de nuestra región.

O Bierzo, 28 de febreiro de 2012.

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